LUGAR: Andalucía, la tierra de la luz.
Teníamos tres días libres. Fue el volar a Málaga, alquilar un coche y empezar a bajar bordeando la costa, visitando pueblitos de casas blancas y aroma a pescadito frito para llegar hasta Jerez y de ahí, el volver por aire a Barcelona.
Vimos mucho mar, extensísimo y eterno... vimos Mar Mediterraneo (un gran lago) y también Océano. Qué fuerza la de las aguas, qué coraje su salvaje naturaleza. La arena fina, débil, suave al tacto del pie. La costa kilométrica que se perdía a lo lejos. Y la gente con la que hablábamos, con ese acentillo andaluz que casi parece crear un idioma propio. Pero sobre todo, qué luz increíble, clara, transparente, verdadera, cálida. Luz de vida.
Me dormí bajo el calorcito y en mi sueño vi toros voladores, toros que corrían sobre olas y mares de arena y sal en vez de agua. Vi escaleras de nube y cielos de mares y creía ver vacas que bajaban directo desde el Sol.
Al despertar, fue el volver al coche. El andar un poco más mirando el mar desde dentro y luego el llegar a un barcito cerca de la costa: comer pescadito frito y vino. Luego ensaladas frescas y, para terminar, helado.
Entonces, mi compañero de viaje y ruta me dijo: "no eran toros, eran vacas. Por eso no tuve miedo aunque mi pareo era rojo". (¿Los toros son daltónicos?).
Yo sonreí recordando mis sueños.
1 comentario:
Hola, qué lindas fotos, me hacés acordar a Poseidón, que lo representaban como un toro porque simbolizaba la fuerza terrible del mar... Por suerte parece que ese día estaba tranquilo n_n
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