"Serás como el clavel del aire que cuando el viento sopla, vuela; y cuando se calma, se posa en una rama y allí hace casa. Vivirás en todos los sitios y en ningún lado. Amarás a todos y a ninguno."

Este es mi blog de cosas maravillosas: las cosas increíbles que he visto, oído, probado, sentido, vivido, provocado, odiado, tocado, lamentado, apreciado, percibido, adivinado, olido, estimado, hallado, pensado, presagiado, sufrido, palpado, soportado, respirado y amado.


viernes, 19 de marzo de 2010

Marionetas vivas...

Todos conocemos la historia de Pinocho, aquella marioneta a quien le dieron el goce de poder llevar vida propia. Claro que era travieso y hacía de las suyas... Poco a poco fue aprendiendo a vivir y dejar vivir, a ser justo, honesto y noble.

En uno de mis últimos viajes pisé Praga. Praga, capital de la República Checa, está plagada de marionetas. Hay muñecos de maderas por doquier, siempre los hilos sosteniéndolos y manteniéndolos de pie. Hay muchísimos personajes: allí el espirítu del bosque, un hada, un ángel, una bruja, príncipes y princesas, un Harry Potter, un lobo, caperucita roja y su abuela, el espíritu del agua, un gorila, un calamar, un rey y su reina, un caballero, un dragón, una rana, un juglar, un payaso, y mas y más... 

Es fantástico, que al entrar a las tiendas para verlos y preguntarle a alguien: "¿este quién es?". Te contestan: "esperá que veas cómo camina". Lo alzan, toman sus cuerdas, lo hacen erguirse en el suelo y avanza (como aquel milagroso hace miles de años que oyó "Lázaro, levántate" y súbitamente comenzó a andar). Se oye entonces su voz, su tono, la música al dirigirse a nosotros. Hay aquellos de carácter alegre, melodioso, ruiseño y otros, en cambio, en constante enfado y enojo. Y lo vemos también, cómo alza una rodilla, mueve un pie, el otro, unos de andar suave, otros en cambio de pasos lentos y sutiles... y así van cobrando vida.

Sin embargo, el sumum de ver al objeto en movimiento, al objeto vivo fue la última noche, en que fui a ver un espectáculo de títeres. La ópera Don Giovani de Mozart, interpretada por las marionetas. Y aquí sí fue el verlas con vida propia, el olvidar que en realidad eran manos que las ponían en movimiento y el creer que de verdad sentían y vivían los males y bienes del mundo. Se enamoraban, se peleaban, se ofendían y discutían, se peleaban con espadas, morían, lloraban, se emborrachan y simulaban estar sobrios, nos juzgaban (ellas, nosotros, sus espectadores de carne y hueso... como si fuesen ellas las que nos dieran vida con sus actos y acciones). Y fue el reir con ellas, el compartir sus tristezas y alegrías y el terror inmenso cuando apareció de ultratumba el fantasma, víctima de Don Giovanni para advertirle que el castigo le acechaba de cerca.

Y luego, la lluvia de aplausos y el volver al hotel, el caminar solo por las estrechas y oscuras calles de Praga, la ciudad de los cien campanarios, con esa certeza (que me encanta confirmar de vez en cuando): "sí, existen los milagros".

lunes, 1 de marzo de 2010

Alahmbra

Dentro de este blog de maravillas tengo que incluir la vista de la Alhambra. No hablo de la visita a la Ahambra, sino la vista, desde el Sacromonte (un barrio granadino que tiene una posición privilegiada para poder observarla). Entre casas de un humilde tono blanco y unos techos de modestas tejas rojas, se abre un panorama que impone silencio... por encima de las casas, en el monte de enfrente, entre bosque y roca, se alza la Alhambra, fortaleza heredada de antaño.
Su imponente silueta frente al fondo celeste, su fuerte estructura estratégica, la sensación de ojo desde donde puede verse todo la hacen sumamente digna de contemplación.
La historia cuenta que hubo un rey árabe -no me pregunten los nombres- que vivía allí con sus mujeres. Luego de enamorarse de una mujer cristiana, envió a su esposa lejos. A otro palacio desde donde podía verse la Alhambra. Imaginen la vida de esta mujer, antes reina, ahora presa, encerrada entre roca y ladrillo, en pasillos y habitaciones eternas, mirando siempre la Alhambra donde su esposo vivía ahora con otra. Ésta, la cristiana, tuvo que convertirse al iIlam para estar con él y lo acompañó hasta el final de sus días. Su hijo heredó el reino, en crisis. Los árabes comenzaban a perder el dominio de la península. Finalmente, vencido, tuvo que huir y abandonar la maravillosa fortaleza. Partieron, entonces, madre e hijo. La primera enrabiada. El segundo lloraba. Entonces, ocurrió el famoso intercambio de palabras: “Llora, ahora, con lágrimas de mujer aquello que no supiste defender como un hombre”. Y él suspiró. Se volteó y en la distancia ya no se veía Granada, tan lejos se encontraban ahora. Éste punto se lo llama “el suspiro del moro” y es aquel lugar desde donde ya no podía verse la ciudad perdida.

El Sacromonte es un barrio de casas humildes, un lugar a donde ni la policía se atrevía a entrar. Con el tiempo, fueron ocupándose de mejorar la zona y es, hoy en día, una de las más lindas de la ciudad (aunque haya gente que no recomiendo ir de noche). Muchas de sus propiedades son ahora caras pero todavía son dueños de ellas, los modestos inquilinos anteriores. Y la verdad es que me parece fantástico, que la vista más prigilegiada de la Alhambra no esté reservada para ricos. :)

viernes, 19 de febrero de 2010

Soplar y hacer botellas

Hace poco fui a Venecia. Tomé un barquito que en 20 minutos me cruzó a una isleta llamada “Murano” y pude ver otra maravilla para sumar a mi colección de cosas maravillosas. Aquí soplaban vidrio. Me pareció realmente fascinante ver que de calentar arena puede obtenerse cristal. Il vetro di Murano, famoso en su época en todo el mundo conocido, se hacía aquí, en estas calles que yo ahora pisaba, al lado de estos mismos canales desde donde la húmeda brisa me enfriaba. Fui entrando a varios talleres hasta que encontré uno donde pude en efecto ver, cómo calentaban el material a 2000 grados y soplaban por un tubo para darle forma, cómo con brazos de hierro y metal, lo amasaban, lo moldeaban, cortaban aquí o pulían allá y obtenían frascos, jarrones, vasos, copas. Aquí el arte se calentaba, soplaba y amasaba.

martes, 9 de febrero de 2010

La otra medicina


Otra experiencia que tengo para contar de mi viaje a Marruecos es la de la farmacia. Estábamos caminando (justo enfrente del lugar donde aconteció este evento de la mezquita) y nos detuvimos en una tienda que tenía unos baldes llenos de polvos de colores. Nos acercamos a ver y el hombre que trabajaba allí, nos invitó a pasar. Me dio un escalofrío en todo el cuerpo. Por donde mirara, frascos y frascos, con piedras, flores, yuyos, líquidos... y él que comenzó a explicarnos... “esta piedra negra, se pone en agua, genera como un gel y funciona como champú; estos yuyos en agua caliente, luego al ponerlos sobre el cabello, hace que brille; este es gingseng rojo, es como el viagra, un té de esto y aguantan toda la noche; esta piedra funciona como desodorante, y estas otras dos, como ambientador; esta planta para los dientes; este polvo negro se pone en un pañuelo blanco, se cierra, se lo machaca bastante, se apoya el pañuelo cerrado sobre un orificio nasal y se aspira fuerte, luego el otro... es para la cinusitis...”


Existía aquí otra medicina! Toda planta, yuyo o piedra servía para algo más! Estuve tentado de comprarme tooodo! Pero, por suerte, supe contenerme :)

viernes, 29 de enero de 2010

Visión de lo prohibido

Me quedé sin disco duro portátil. Se cayó, dio un golpe y allí murió. Murieron también todas las fotos, diarios de viaje y videos que tenía dentro. Irrecuperable...

Sincrónicamente, viajé a Marruecos y tengo una vivencia fascinante de la que no pude tomar fotos.


Algo que me impresionó en Marrakech es que teníamos terminantemente prohibido entrar a la mezquita. Lo intenté una vez y la señora que estaba en la puerta sólo dijo “C'est interdit”. Sin más. No hizo falta ni un gesto, ni un tono de voz tenso o elevado. Me bastó para comprender la importancia que ese espacio tenía para ellos. O, no digamos “entender” pero saber que era necesario reservar una distancia respetuosa. Esta mujer no era empleada de la mezquita, era una mendiga que estaba en la puerta pidiendo monedas. Más tarde, pasando por otra, nos acercamos a la puerta y la gente (transeúnte que estaban de paso)se adelantó: “C'est la mezquite, c'est interdit!”. Fue un gesto que me encantó. El hecho de que fueran ellos mismos, no empleados de la mezquita, sino la gente misma que quisieran protegerla y que no permitían que fuese profanada por ojos occidentales me llenó de admiración y respeto. Contrasta con nuestra actitud, bastante más relajada, de “cada uno en su tema” y de esperar que sean otros los que se encarguen de cuidar lo nuestro.



Sin embargo, soy cabezota. Y tengo que ver aquello que tengo que ver. Así, caminando, nos encontramos frente a una mezquita de tres puertas, todas abiertas y nadie cerca de la puerta de la izquierda. ¿desafío o posibilidad? No dudé que fuera una oportunidad. Y las oportunidades hay que aprovecharlas cuando surgen. Me metí dentro, sin dudarlo. Sólo un metro o dos. No más. Con respeto, siempre con respeto. Recordaba la historia de Acteón y no anhelaba un final similar. Acteón, aquél que osó ver a la diosa Diana desnuda ("te valdrá aquello que tus ojos han visto") y fue, luego, transmutado en ciervo y cazado por sus propios perros de caza. Así que entré sólo un metro y medio, justo detrás de una mujer que se limitó a quitarse las sandalias y doblar por el pasillo a mi izquierda. Al instante, me sentí transportado. Estaba abrumado al participar de una visión prohibida. Debajo de mi camiseta, mi cruz cátara reposaba sobre mi piel. Era todo alfombras... pasillos y pasillos, alfombras en el suelo, alfombras en las paredes. Me incliné hacia la izquierda y vi dos hombres que venían caminando hablando bajo, barbas largas, una negra, la otra canosa, ropas oscuras y amplias. Me incliné hacia el otro lado y vi a otro hombre, mucho más joven, arrodillado en el suelo, manos delante de las rodillas, espalda flexionada y frente posada tan abajo como podía justo delante de la rótula. Entonces, se rompió la magia y volví a mí mismo. Desde hacía un ratito, un hombre me llamaba desde fuera. Salí con los ojos enormes, la respiración alterada. “C'est la mezquite!...” y me dijo que estaba prohibido entrar. Le expliqué que creía que era el Palacio Real (Que estaba a la vuelta), que lo lamentaba muchísimo, que no había entendido. Sonrió, calmado. Me dijo que no, que el palacio estaba delante, que esa era la mezquita y estaban prohibidas las visitas. Le pedí perdón. Me preguntó si era español y le hice saber mi origen argentino... “Ah! Amigo! Messi, Maradona!”. Quién iba a decirme, pensé entonces, que el fútbol y su detestable modo de vivirlo en Argentina me haría ganarme el llamado de “amigo” de parte de tantos desconocidos.

martes, 12 de enero de 2010

Y usted, señora, de dónde salió?

La foto habla por sí sola...


En mi último viaje a Londres, me meto en el metro ("the tube", según lo llaman ellos) y veo a esta mujer posiblemente recién llegada de Hogwarts o algún otro universo paralelo similar. Entre sus brillantes prendas decorativas, podemos observar un bolso que dice "London". Se ve que la mujer es londinense, entonces, y de las orgullosas de vivir en una ciudad en la que hay de todo (o casi todo). Al caminar por las calles de Londres, la sensación es que ahí hay partes de todo el mundo (ya daré mayores detalles cuando hable del British Museum...).

Para redondear, cuando veo a esta mujer tan particupar y amable me digo: "tengo que sacarme una foto con ella". Le pregunto si le molestaría, le explico que vengo del otro lado del Océano y sonriente me dice que "encantada, pero que me apure porque si llega el tren, se va". xD

Fue entonces el posar, sonreir, dar la cámara y "chic!" ya tenía mi foto :D Le agradecí varias veces (y se hubiera merecido más, al fin y al cabo, le robé un poquito de su alma...)

Inmediatamente después llegó el tren, se subió y desapareció de la multitud...

...misterio... :p

sábado, 9 de enero de 2010

El Fin del Mundo...

Se confunden los portugueses... que no me hablen de mapas cartográficos, de paralalelos y meridianos, para asegurar que el punto más occidental de la Europa continental es el Cabo da Roca... No, no y no.


Yo estuve en Finisterre y allí , cientos de gallegos me aseguraron se encuentra "El Fin del Mundo". Estas son las tierras a las que llegó Heracles cuando le enconmedaron que encontrara donde acababa la Tierra. Y aquí vi ponerse el Sol, el disco solar, brillante hundiéndose en las húmedas profundidades marinas. Dicen también que la bandera española cuelga de las dos torres (las torres de Hércules) una cinta que cita "Plus Ultra" ("más allá") indicando que su corona reina en las lejanas tierras, añadidas por Cristobal, el marino.

Tres ritos realicé en estas tierras, las del fin:

* ver el atardecer, la muerte del Sol en el Horizonte, confiando en que mañana renacería, creyendo que el Sol, luz y consciencia, andaría durante la noche los pasadizos del Inframundo para volver resucitado a emerger al día siguiente

* quemar una prenda: quemé mi bastón, que me había acompañado durante un mes por el Camino de Santiago, empezado hacía algo de 1 mes, en la frontera francesa

* bañarse desnudo en el mar del Fin del Mundo. No me atormentó ni el frío, ni las olas tumultosas.


Ver el fin del día en el fin del mundo fue otra de mis experiencias maravillosas...